sábado, 15 de diciembre de 2007

La Libertad


Si preguntaramos ¿qué es la libertad? nos encontraríamos con tantas respuestas como hombres hay en el mundo.

Para unos libertad significa la ausencia de ataduras humanas; otros encuentran la libertad en la democracia; para muchos, la libertad es poder decir y hacer lo que mejor les parece; para otros es no estar esclavizado...


Para mí, libre no es quien hace lo que quiere sino quien hace lo que debe hacer.

Muchas veces la libertad suele ser confundida con un "yo hago lo que quiero" pero ésta es una confusión entre el uso de la libertad y el libertinaje, ya que no es libre quien hace lo que quiere:

la auténtica libertad se manifiesta en aquel que hace lo que debe hacer, haciendo uso sus principios éticos.


Creo que el perfeccionamiento del hombre como persona se realiza en relación con el otro. El hombre es un ser responsable de otro. Esto supone responder a la llamada del otro, de otra persona que exige atención, respeto y poder vivir en plenitud y todo esto implica responsabilidades...


Hoy en día, creo se usa esta palabra con demasiada ligereza y corrupción de su sentido más estricto: "La facultad de hacer todo aquello que no perjudique a otro".

Y la ponemos de excusa, para actuar con egoísmo o incluso para caer en otras formas de exclavitud modernas que, éstas sí, nos quitan definitivamente la voluntad.


domingo, 2 de diciembre de 2007

¿Socializarse para crecer?


Uno de las más recurrentes disyuntivas que en distintos momentos de mi vida me he planteado es esta: ¿que senda maximiza más el crecimiento personal, la introspección o la socialización?

La primera de ellas nos permite indagar en nosotros mismos para identificar nuestros propios faros, más allá de estereotipos y modas. Es el "conócete a tí mismo" de Sócrates y Heráclito. Por mi parte, siempre he encuadrado dentro de este apartado el estudio individual; buscar apoyo en las reflexiones que otros han efectuado anteriormente es para mi una introspección, pues indisolublemente al ejercicio de lectura viene la consiguiente reflexión individual.

Por el otro lado está el camino de la socialización. No hay duda de que es el gran vehículo que nos ha permitido erigirnos en la raza dominante; posiblemente, sin ella seguiríamos colgados de los árboles. Basado en la palabra, su sin par vehículo, nos permite compartir experiencias, visiones, reflexiones a veces más personales y a veces colectivas. Y son éstas últimas las que hacen mirar con cierto desprecio la validez de sus enseñanzas: las opiniones comúnmente compartidas suelen ser vulgares y mediocres en el mejor de los casos.

Retomando de nuevo la pregunta inicial, he pasado algunos de mis últimos años convencido de que sólo la instrospección podía llevarte a enseñanzas valiosas, despreciándo primero para alejarme después de los elementos socializadores principales. Felizmente me he vuelto a abrir a lo que la socialización puede ofrecerme, principalmente en lo concerniente a otras visiones particulares de las cosas más que opiniones generalizadas. Simplemente por mero sentido común: si compartimos las instrospecciones personales seremos más ricos que si nos quedamos con la nuestra propia. Ahora pienso que debajo de tan cerrado planteamiento se encontraba quizás un intento por salvaguardar mi innata timidez en lugar de tener que combatirla.

Por todo esto pienso que la decisión más inteligente no está en decantarse por ninguna de ellas, sino por usarlas de forma complementaria. Pues su conjugación nos permite superar la independencia (que es donde nos sitúa la instrospección), la dependencia (donde sitúa la socialización) para pasar a la interdependencia, un concepto que me ilusiona más que los dos anteriores.